A menudo vemos el uso de generadores y más recientemente, acumuladores de energía eléctrica, como elementos a los que recurrir cuando falla puntualmente el suministro de energía. Y generalmente ese es su uso más extendido. Pero ¿Cómo pueden unos pequeños acumuladores de energía solucionar el transporte de las vacunas contra la COVID 19 durante horas y kilómetros manteniéndolas a temperaturas bajo cero?

La respuesta está en el uso de pequeños equipos de acumulación con suficiente autonomía y resistencia extrema a las bajas temperaturas, para asegurar que las cámaras que conservan los viales de vacunas las vacunas de Pfizer / BioNTech permanecen dentro de un rango de temperaturas entre -80 ° C y -60 ° C de forma constante y durante las 24 horas del día, garantizando así su efectividad.

Los contenedores de viales, diseñados por la farmacéutica Pfizer, utilizan hielo seco, y están dotados de sistemas de monitorización constante de temperatura y transmisión de su posición mediante GPS. Lo que permite conocer en cada momento su temperatura y ubicación exacta,. Desde que el contenedor sale de la planta farmacéutica, hasta su llegada al almacén definitivo en los países de destino.

La clave para hacer posible el funcionamiento a temperaturas de hasta 80 grados bajo cero, sin perder efectividad, es el uso de una batería de cloruro de tionilo de litio (LiSOCl2) desarrollada por la empresa Tadiran, que usa un electrolítico carente de agua. Con lo que se evita la congelación y con ello la caída drástica de rendimiento de las baterías. Una caída de energía en los equipos de monitorización sería catastrófico, al poner en peligro tanto la trazabilidad, como el mantenimiento de las temperaturas necesarias en los contenedores de vacunas. Esto inutilizaría totalmente las vacunas y haría imposible un reparto efectivo y fiable cuando la disponibilidad en tiempos y número es crítica para todos los gobiernos y autoridades sanitarias a nivel mundial.